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Ahora mismo volviendo a escuchar este álbum, antes de entregarme a los brazos de Morfeo…
Hablar de ★ (pronunciado Blackstar), el vigésimo quinto y último álbum de estudio de David Bowie, es adentrarse en una de las obras conceptuales y despedidas artísticas más deslumbrantes de la historia de la música contemporánea.
La obra maestra como carta de despedida
Innovación e identidad sonora
Repertorio imprescindible
- «Blackstar» (9:57): Una suite de casi diez minutos dividida en varias fases sonoras que combina cánticos litúrgicos, paisajes de ciencia ficción, ritmos sincopados y alusiones al ocultismo y a la trascendencia.
- «Lazarus»: El centro emocional del álbum. Con su icónico e inquietante verso inicial («Look up here, I’m in heaven / I’ve got scars that can’t be seen»), anticipó vívidamente lo que ocurriría solo unas horas después de su publicación.
- «’Tis a Pity She Was a Whore» y «Sue (Or in a Season of Crime)»: Dos cortes reestructurados desde sesiones previas, caracterizados por una batería frenética, secciones de vientos convulsas y un dinamismo abrasivo.
- «Girl Loves Me»: Un experimento lírico en el que Bowie mezcla el Nadsat (la jerga inventada por Anthony Burgess en La naranja mecánica) con el Polari (el argot subcultural del Londres de mediados del siglo XX).
- «Dollar Days» y «I Can’t Give Everything Away»: El cierre perfecto para la obra. Dos piezas impregnadas de melancolía, elegancia y aceptación, donde la voz y la armónica de Bowie se despiden dejando una huella imborrable.
Legado
Blackstar fue recibido con aclamación universal por la crítica y el público, obteniendo múltiples premios Grammy de forma póstuma. Más allá de sus méritos musicales, ha quedado grabado en la memoria colectiva como el testamento definitivo de un artista insustituible que convirtió su último aliento en arte puro.
Bonus Track
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